NARRACIÓN CORTA." LA DULZURA DE LA NEBULOSA BLANCA Y BRILLANTE" Por maricmasi.

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Erase una vez un gran Planeta que orbitaba por el Universo. Como en todos existía alguna clase de vida.

En él habitaban seres con capacidad de pensar y de obrar. No hablaban, solo emitían sonidos totalmente diferentes, según las características de cada una de las razas que vivían en él. Se comunicaban por las ondas que emitían sus pensamientos. Era una forma muy clara de entenderse, limpia, rápida y fluida. No había oportunidad a la mala interpretación. Se podría decir que eran telepáticos.

El Planeta Rojo, que así se llamaba, debía su nombre a las grandes zonas volcánicas que existían en él.
Se encontraba dividido en dos zonas. La zona norte y la zona sur.
En la zona norte, habitaba la Paz por completo y el respeto, un sumo respeto a todo. Era la forma que seguían, no dañaban de ninguna manera el entorno con el que convivían, ni a ninguno de sus congéneres. Agradecían cada mañana todo lo que se les ofrecía para su sustento, incluso el estar bien cada día y tener con quien compartir su vida. No les gustaba la soledad.

En él vivian diferentes razas.

La raza Verdus tenía la piel rugosa y verde, extremadamente sensible a todo lo que emitiera movimiento, por lo que muchas veces se mostraban algo inquietos. Notaban cualquier onda, y todo emitía algún tipo de ondulación, siendo por este motivo muy lógica su ligera intranquilidad.

La raza Amurillas tenía una piel muy sensible a la atmósfera del Planeta, era muy fina y amarilla. Debían de protegerla mucho cuando salían al exterior.

La raza Azulitus eran de un tamaño muy pequeño, su piel y todo lo que les permitía la vida, órganos, membranas era de un tono muy azulado, despedían a cada movimiento un olor muy agradable, por lo cual se les reconocían enseguida. No podían camuflarse. Se sabía por su olor cuando andaban cerca.

En este lado del Planeta, los sonidos eran suaves, todos los miembros que habitaban en él, tenían una función o trabajo, no existían peleas.
Si alguno necesitaba ayuda o caía enfermo, siempre había cerca de ellos alguien que les ayudase o cuidase.
Todos, exclusivamente todos, sin tener en cuenta la raza estaban totalmente integrados.
No había ninguna diferencia de trato, este era amable, compasivo y atento.

Aunque su piel y sus formas orgánicas eran muy diferentes, no existía ninguna desigualdad discriminatoria, es más, siempre se tenía más en cuenta a los que necesitaban mayor ayuda ya fuera por estar enfermos, por no poderse valer por si mismos, por su corta edad o por ser ya muy mayores, ya que eran muy longevos. No hacían falta normas ni leyes, pues se entendía perfectamente lo que se debía hacer en cada momento.
El respeto total era su base, era su forma de vida.
Tenían ratos verdaderamente muy agradables entre ellos, eran felices tal como vivían.

La Paz que existía en el lugar emitía energía a las capas medias-altas en forma de una gran nebulosa de Luz blanca brillante, sobre todo por la noche, lo que hacia que los habitantes de la zona sur del Planeta sintieran verdadera curiosidad, ya no solo por la maravilla que visualizaban cuando el Sol se escondía, sino por los sonidos que se dejaban escuchar.
Llegaban hasta ellos levemente. Les procuraba una asombrosa tranquilidad cuando descansaban.
Lo cual aún, les intrigaba más.

Esta parte sur del Planeta era totalmente diferente al lado norte.
Los seres que habitaban en ella, estaban compuestos por grupos de las razas existentes en el norte, solo que en este lado estaban agrupados por razas. Era raro que estuvieran de acuerdo en algo, por lo que siempre había disputas y enfrentamientos entre ellos. Estaban menos evolucionados, se deterioraban por si solos. El hábitat era muy desagradable, casi siempre hacia mucho viento. Los volcanes estaban cada dos por tres en erupción generando un humo espeso que hacia que sus tierras fueran poco fértiles, con lo que se alimentaban mayoritariamente de pequeños seres que vivían bajo tierra. Salían al exterior cuando esta se recalentaba por la lava de los volcanes, lo cual los hacía más accesibles.
Había peleas entre ellos.

Los Amurillas en esas condiciones eran muy agresivos. El espesor del aire hacia que se deterioraran más rápidamente. No podían estar mucho tiempo fuera de sus moradas para buscar alimento, lo cual hacia que estos en vez de organizarse para alimentarse, atacaran violentamente a los Verdus y Azullitus para quitarles el alimento que poseían. Estos a su vez los tenían como seres enfermos por el aspecto de su piel, lo cual les hacia todavía más agresivos. En el momento que los veían acercar no les daban prioridad de comunicarse, es más era totalmente imposible por las ondas que emitían todos. Su agresividad había hecho que olvidaran como entenderse entre los diferentes grupos de las distintas razas.

Sin embargo no sabían que tenían una cosa en común.
Todos admiraban el otro lado del Planeta, los sonidos que provenían de la zona que tanto bienestar les producía, su belleza que se dejaba ver y transmitir por la noche.
Se sentían muy atraídos por ella, pero ninguno se atrevía a ver el porque ese cambio tan apreciable, siendo el mismo lugar.

Alguno de ellos habían intentado acercarse, lo hacían con mucha inquietud, mal humor y agresividad. Solo lograban llegar a una especie de frontera que emitía una serie de ondas, que hacía que no pudieran acercarse más. Los arrastraba para atrás.
Se quedaban totalmente parados, asombrados, no sabían el porque pero no podían seguir avanzando. Y así en muchas ocasiones.

Habían llegado a un periodo en el que estaban cansados de tanta lucha, agresividad y mal vivir, porque era mal vivir. Ellos lo sentían así. Se encontraban agotados, cadáveres por todas partes, sonidos insoportables, y lo que era peor, en su interior, en el interior de todos se había consolidado un hormigueo que no les dejaba vivir en Paz.

Cuando se encontraban solos, sentían inquietud, tristeza, mucha tristeza. Habían perdido casi la capacidad de pensar, pues no lo solían hacer, solo reaccionaban, pero la sensación que sentían en su ser en los momentos de soledad, les hizo analizar.
Eran análisis escuetos, pero muy concretos, con instantes que les hacían recordar momentos de tranquilidad y dialogo.
Esto les dejaba perplejos, no entendían las imágenes y sensaciones que ello les transmitía. Les embargaba una Paz instantánea muy agradable y ello les gustaba.

Su mal vivir les estaba llevando a la extinción, obligandoles a frenarse en sus actos, pues se dieron cuenta que no iban bien. Los resultados eran más que evidentes.
Incluso no tenían con que alimentarse, pues llegaron al extremo de que los seres de los cuales se alimentaban, ante tanta agresividad y malas condiciones del terreno, se fueron desplazando a la zona norte.

De vez en cuando seguían acercándose a la frontera sin conseguir adentrarse en ella.
Se quedaban atrás enfadados, observando que es lo que les frenaba, no entendían el porque no podían pasar más allá.

Conforme más se debilitaban por la agresividad mantenida durante tanto tiempo y la falta de alimentos, más se iban aplacando. La violencia, el rencor, la envidia, la agresividad fueron disminuyendo progresivamente.

Llego el día en que dejaron de luchar, ya no podían más. Se quedaban mirando los unos a los otros, no sabían lo que hacer, ya no importaba la raza. Se necesitaban para poder sobrevivir.
Se dieron cuenta que el simple calor de sus cuerpos que se daban cuando se juntaban en las noches de frió y de mucho viento, les ayudaba para estar mejor.

Los Verdus y los Azullitus empezaron a repartir lo poco que conseguían.
Incomprensiblemente les bastaba para mantenerse, a pesar de la poca cantidad que engullían entre todos. Los Amurillas aceptaron el alimento sorprendidos.
En todos ellos comenzaron a moverse una serie de energías totalmente nuevas y favorables a todos, les dio vitalidad y fuerza. Desapareciendo el desazón interior que todos tenían y les hacia ser tan infelices y malvados.

Se percataron que les faltaba poco para extinguirse por completo. Sus resentimientos, egoísmos, diferencias casi les llevo a ello.
Quedaban entre veinte o treinta de cada raza. Al convivir todos juntos armoniosamente, comenzaron a tener nuevas sensaciones, se empezaron a mirar a los ojos, incluso a tener contacto con la piel de cada uno, sintiendo curiosidad del tacto y lo que les hacia sentir. Notaron que esto les abrió a nuevas sensaciones, muy agradables. No sentían repugnancia, al contrario, comenzaron a sentir el olor peculiar de la piel de cada uno, aceptando como distinción de cada ser. Único y muy valioso.
Vieron que era agradable vivir de esta forma, más fácil y con una diferencia sustancial de lo que conseguían.
El hecho de mirarse a los ojos abrió en ellos el canal olvidado de la comunicación. Comenzando a sentir ondas telepáticas y a saber lo que debían de hacer en todo momento, pero ya sin dañarse entre ellos, ni dañar al entorno, aceptando las características y funciones de cada raza.

Un día decidieron ir juntos a la frontera, ahora con mayor curiosidad y necesidad de saber que era lo que había detrás de ella.
En esta oportunidad era diferente, las ondas, el sonido les atraía irremediablemente, sin miedo, ni desconcierto.
Sentían que algo les unía, se mezclaba con la esencia de cada uno de ellos. Se sentían alegres, una sensación que habían descubierto hacia muy poco. Se sorprendían por el hecho de reír entre ellos, cuanto más lo hacían más risa les daba. Era una novedad muy agradable.

Esta vez conforme se iban acercando a la frontera notaron que no había nada que les frenara, no había rechazo. Pasaron la zona que hasta ese momento había sido totalmente infranqueable para ellos. Lo hicieron sin darse cuenta, avanzaban sin un rumbo determinado. Seguían las ondas que les atraían, hasta que se encontraron totalmente sorprendidos y contentos delante de las casas de los habitantes de la zona norte.

Esta vez en el interior del ser de los habitantes de la zona sur se movía una energía totalmente diferente de satisfacción y emoción. No sabían porque, pero enseguida lo averiguaron.
El recibimiento fue hecho recíprocamente con mucho cariño y alegría. Como si se conocieran de toda la vida.

Los habitantes de la zona sur se integraron perfectamente a su nueva forma de vida. Estos enseguida recuperaron el nivel evolutivo perdido, pero con una sorpresa, estaban algo más avanzados, pues sabían lo que conllevaba un mal vivir y por ello aceptaron y aprendieron la nueva forma de vida fácilmente, incluso eran más amables y sabios que los de la zona norte. Creando mayor comprensión y aceptación en el gran grupo.

La zona sur a la falta de habitantes agresivos fue recuperando el hábitat perdido por la gran violencia que se mantuvo en ella durante tanto tiempo. Nadie se acerco a ella hasta que ceso la actividad volcánica , formándose también la dulzura de la nebulosa blanca y brillante.

Fin.  Escrito por maricmasi. Apodo de Montse Cobas.







QUE TENGÁIS UNA BUENA NOCHE Y UN BUEN DÍA DE MAÑANA.
Un abrazo de Luz para todos.



LUNA SERENA.

TEST DE LA INTUICIÓN. PRUEBA.

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