El Sol expande, aparece entre las nubes, diluye. La Conciencia se abre. La Nuestra también a través de la del todo. Nuestras células de igual forma se reactivan, se dilatan, preparándose y armonizando. Uno solo y aclimatándose a la nueva esencia. De ahí la reactivación, la alegría, el bienestar y la armonía a su paso. Tanto qué cuándo las nubes tapan, es para el resurgir de lo necesario, para concienciarlo, sanarlo, y así, transmutarlo. Hay qué hacerlo. Una Nueva era. Los cambios no sólo vienen por lo externo, sino más bien por lo interno. Abracémoslo, concienciémonos, y amemos, el resurgir del amor, la calma en nosotros, y en nuestro espíritu. La conciencia de Dios en ti, en mi, en todos y en todo, qué así se impregne. La transformación. Evidente. Y sabemos qué todos los cambios cuestan, y esté no es para menos, sino para más, y por eso duele, cansa, desestabiliza, para obrar lo contrario, sabiendo. Qué así ha de ser. A prendiendo, todos, todos, lo estamos...