Decir adiós realmente requiere de fortaleza, comenzar de nuevo, aunque sea una vez detrás de otra. Es dejar atrás el pasado, lo qué ya no fluye, lo qué ya no es, ni está, sin importar qué haya que volver a empezar otra vez, realizar el ahora, lo nuevo, en ocasiones totalmente con la esperanza de encontrar lo qué realmente nos importa o necesitamos. Decir adiós puede ser triste y a la vez liberador. Perdiendo el miedo después de mucho reflexionado y andado. Decir adiós con el corazón y la mente, sin requerir palabras. Dejando atrás, quedando atrás lo qué siempre estuvo. Quién estuvo con uno de la mano y el corazón siempre podrá estar, dependerá de ambos, de su accionar y posibilidad, siempre desde el amor y el entendimiento. Decir, no decir, ejercer. Pero, ya liviano, se difumina lo pasado, se resta importancia, serena, queda todo atrás y es qué siempre queda. Y, ahora, más. No podemos quedarnos sin hacer nada ante una circunstancia p...
Entra en un mundo real. La otra realidad.