Es un reconocer ante la vivencia aportada, infinidad de vivencias, en el mundo, qué se asocian a un todo qué se ha de abastecer ante lo venidero. 

Son personas de diferentes sexos, en los cuáles uno se maneja por la bondad y el corazón y el otro por el egoísmo qué tan sólo lleva a la destrucción del qué en ese momento le acompaña y por consiguiente del qué lo genera, haciendo mella. Esa mella substancial qué impregna a ese todo. No es consecuente ya, es reconocerlo para solventarlo y erradicarlo, al menos, por una parte qué se genera ahora, dejando atrás.

Es una historia e infinidad de historias, escondidas, no dichas, por un igual de sentimientos entre ellos la bondad, el amor, ante la corrupción de corazón qué ahora se despeja, se deja ver. Pero, no sólo lo ve la parte qué lo padece, sino también por la qué ocasiona padecimiento y desigualdad emocional dejándole a éste un rastro de concienciación muy evidente, lo cuál origina el mismo o parecido sufrimiento ejercido para darse cuenta de qué ya no hay cabida en esté episodio de vida o de transición. Determinando el cambio, infinidad de cambios, no sin concienciación, una concienciación qué no sólo viene de la mente sino también del corazón, de ahí su fuerza.

Y es qué se requiere.


Las mujeres que aman, sin darse cuenta, olvidándose del amor hacia ellas mismas, pues por corazón de cuidadoras, del amor qué habita en ellas,  qué se les ha donado desde el nacimiento universal, se encuentran con hombres qué se han separado de la esencia de Dios, del Amor, despiadados, aprovechando esa particularidad esencial encriptada, y muchos lo saben y así las buscan, ejerciendo un poder qué no tienen aunque a primera instancia pareciera qué sí, pues sin la otra parte nada son, empezando porque provienen de ellas, descuidando el ser uno, ayudándose amorosamente y desde el amor, qué en esa ocasión no disponen por infinidad de particularidades y secuencias no curadas en su vida o existencias, irreconocibles hasta ese momento del encuentro, llegando el punto de reconocerse y de saber lo ejercido para resarcirlo en su amplio significado, pues puede comenzar de una forma y al verse en ellas y lo realizado quieran y se propongan enmendarse y enmendar de por vida lo ejercido, sanando y pasando al próximo tránsito, no sabido, pero qué en ese trance sí.

Y de eso se trata, reconocer, reconocerse.


A llegado el tiempo mujeres de hacerlo a tiempo, a tiempo de evitar mayor daño en vosotras, ver claro y con claridad al otro y desde el otro. Ejerciendo vuestro poder con vuestras totales decisiones, dejando a la vez, ver al otro.

Lo qué no va en consonancia, paralo, suelta de inmediato.

Tú sanaras, y él también sanara.

Son tiempos adecuados, esencialmente.


Traslucido.


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