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Echar la culpa al prójimo es una salida egoísta y rápida, discernir y ver cuándo ya somos adultos nuestra parte de responsabilidad es complejo pues hay qué ver qué hemos tolerado, por quien nos hemos guiado conscientemente o inconscientemente, denota de fuerza para ser capaces de acoger esa responsabilidad y disciplina hacia lo nuestro qué debemos tener, querernos más y saber si realmente nos merecemos algo o alguien, y saber poder frenarlo, sí analizamos nuestros sucesos, siempre encontraremos aunque sea ínfima una parte de ésta. 


Cuándo algo o alguien nos hace sentir en su contacto , ya sea cercano o no, una vibración alterada en nosotros, desagradable, nos ha de poner en sobre aviso de qué algo no está bien, cuando no te sientes seguro, te encuentras inestable, vigila, son señales para poder evitar algo mayor alejando nos, o ser conscientes de qué seguir ahí, ya no es qué descubras qué pueda ser, qué probablemente lo harás de permanecer y tener la fuerza suficiente para hacerlo, es qué muy probablemente fuera de la enseñanza y experiencia aprendida, puedas perder más qué ganar, empezando por uno mismo. Dedicando te luego más tarde un tiempo para recuperarte, eso sí se puede porque no siempre se puede al no tener las herramientas o los medios para poder hacerlo, y muchas veces ni la fuerza ni disciplina necesaria para poder conseguirlo. 


Por eso la madurez de nuestros pensamientos y voluntad es indispensable en nuestra vida, conseguirla normalmente con ese mismo tiempo y las experiencias vividas qué nos lleva a ese fin materializado. 


La madurez. 


Por Montse Cobas. 


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