El caballero andante. Cuento intrínseco.

 




El caballero andante.


Erase una vez, un señor llamado vida, ese qué iba de aquí para allá pero siempre hacia delante, aún pareciera qué no le pasaba nada, siempre ocurría algo, segundo a segundo, instante a instante. Siempre en movimiento.

El caballero andante qué así se le denomino, siempre iba avanzando aunque en algún momento pareciera qué se parara, era simplemente un reflexionar para descansar, para tomar otro rumbo, para volver a fluir o solucionar, o simplemente para ver otra perspectiva qué sino se realizara ese parón no lo vería. Iba en cada instante, fluyendo por poco qué fuera, avanzando simplemente con cada movimiento,  qué es lo qué le accionaba a otro hacer, a otra secuencia.

El caballero andante, siempre estaba radiante, amoroso, y en ese parar oportuno aunque pareciera un contratiempo qué a veces se daba uno detrás de otro, siempre fluía por poco qué fuera, un nuevo accionar, una nueva oportunidad, una solución, una transmutación, una nueva dirección, un proseguir a partir de ahí, otra senda, otro gesto, pero nunca, nunca olvidaba, qué sin esa vida nunca podría, reconocer, amar, saber, sentir y seguir ampliando sus conocimientos, nuevas actitudes qué le llevaban a ser mejor o peor, pero él después de tanto pasado, observo, pues no era joven, qué la serenidad siempre prevalece cuándo se sabe qué es la qué favorece a cualquier episodio de su andanza, y ahí después de mucho, toda una eternidad...aprendió, qué fluir con la vida intrínseca misma, sentir tal cual en su interior, en su ser, qué es secreto, al unísono con él, nada puede ser peor que dejar de percibir esa vivencia, aunque fuera pueda ser abrumante, al fin y al cabo, lo único real es eso mismo, la tranquilidad y el fluir desde ahí, lo demás hasta qué punto es, saliendo de ello, encuentras ese caballero andante, qué fluye con la existencia, y ahí infinitos tiempos, infinita esencia, reconociéndose a cada paso o en cada tropiezo, qué la existencia y el caballero andante, pueden llegar a ser uno, cada uno en su peculiaridad, en una misma dirección, entre muchas, juntos pero independientes, qué cada uno elije según su elección según su tiempo, sentir, nada más en ello, es sentir el propio avance desde su propia existencia. La de cada uno y en su circunstancia y momento. Así es la evolución. Sabia. Llena de aprendizaje, superando obstáculos, dificultades, llegando a una determinación exquisita, la qué da la propia eternidad en el espacio tiempo. 

La fragmentación.


Por Montse Cobas.






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